Infieles Por Naturaleza
Perder por completo la razón, dejar salir a la bestia y entrar en frenesí no es solo un cuento de vampiros, nuestra condición de animales sociales nos ha vuelto tan artificiales que nuestro animal natural se ve enjaulado por nuestras costumbres y cultura, en lo más profundo de nuestra inhumanidad.
El dejarnos abrazar por la costumbre que viene inevitablemente con el paso del tiempo puede llegar a enterrar nuestro instinto primario bajo toneladas de tierra. Como dijo un amigo, “Si vos estas bien y contento con una vieja, no creo que te vaya a gustar otra”, cuando esta persona se vuelve nuestro sol, en torno al cual giramos, podríamos hablar de otra victoria de la razón sobre el animal.
Pero si es tan cierto que ese estado de enamoramiento tiende a distorsionar la realidad para cualquiera, y construye una pared de humo ante nuestros ojos, ¿por que deberíamos confiar en este estado?, de pronto lo plácido y reconfortante de éste es que da la sensación de eternidad y seguridad, estos últimos vistos a través de nuestra cortina de humo por supuesto.
Además que mejor que presentar nuestra novia a la familia, caminar por la calle agarrados de la mano como si el mundo no existiera, presentarla a tus amigos y verles la cara de asombro al ver que hermosa es tu compañera. Aceptación social, es la descripción perfecta para este comportamiento, tal afirmación nos lleva a pensar que la relación perfecta esta abrazada bajo el cálido manto de la razón y la sociedad.
Ahora, ¿qué sería del amor de pareja sin el sexo?, lo mas probable es que no existiera, pues así nos parezca frío y despiadado, como dijo mi profesora de sexualidad en décimo grado y confirmado por varios documentales de Discovery Channel, “Somos seres sexuales, pues nacemos para crecer, crecemos para reproducirnos y nos reproducimos para poder morir al haber cumplido con nuestra misión en este mundo”, nuestro papel en el mundo animal es reproducirnos para evitar la extinción de nuestra especie, por lo tanto el amor es una adaptación social y racional del sexo, es nuestro banco sin fin de estrategias parar lograr una reproducción exitosa.
Por otro lado, no se puede discutir que en la actualidad el tener una pareja estable trae varios beneficios, la ya mencionada antes ilusión de seguridad, una probabilidad mucho menor de contraer enfermedades de transmisión sexual, esta última sólo si ambos son fieles por supuesto, y la constante liberación de endorfinas, la cual asegura felicidad. Pero tampoco podemos negar que cuando se trata de la naturaleza en contra de la razón, es difícil encontrar una batalla pareja al darnos cuenta que el cerebro, fuente de nuestra razón, tiene millones de conexiones nerviosas con el cuerpo, nuestra fuente animal. Es como pelear contra un dragón dentro de su boca, en cualquier momento las llamaradas que escupe pueden derretir nuestra armadura y dejarnos a la merced del animal.
No es mi intención enseñar una excusa mas elaborada para relatar a su esposa cuando la tenga al frente con un sartén en la mano y fuego en sus ojos, solo quiero dar a conocer que esos seres malvados y “sin corazón” que muchas veces vemos cuando nos traicionan, no son mas que víctimas de nuestra propia naturaleza y del código que nos dice que la extinción para nuestra especie, no es una opción.
Al darnos cuenta que nuestra razón se ve fácilmente afectada por un mar de sustancias químicas que nuestro cuerpo nos dispara, podremos entender que este asunto de la fidelidad no es natural, por el contrario, es otra de nuestras reglas imaginarias que rigen nuestra vida en sociedad.

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