
Estábamos recostados contra un sillón y de pronto ambos sentimos que algo estaba mal, era seguro que algo iba a pasar, corrí a mi escritorio de madera y saque un revolver que estaba en el primer cajón de la derecha, un revolver negro, corrí de vuelta a ella y espere con miedo por aquello que tenia que pasar, lo habíamos sentido, era cuestión de tiempo, no paso mucho cuando oímos los golpes en la puerta, nos aferramos al mueble que nos protegía y después de un fuerte golpe, estaba ahí, bajo el marco de la puerta, era enorme, casi del tamaño del mismo marco, un color rojizo suave y brillo en todo su cuerpo por la humedad, en su tenaza izquierda traia una bolsa blanca, se acerco a nosotros y nos entrego lo que traiga con ella. La abuelita cangrejo nos había traído hamburguesas, le di un abrazo y le agradecí por la comida.

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